Erika Gordillo: enseñar desde la pasión, la naturaleza y la innovación
Publicado: 11 de agosto de 2026
Para la docente Erika Gordillo, una clase de Ciencias Naturales en el Instituto Técnico Industrial Rafael Reyes de Duitama, no siempre comienza frente a un tablero; con frecuencia inicia recorriendo un sendero, observando las plantas que crecen alrededor del colegio o invitando a sus estudiantes a detenerse unos minutos para mirar aquello que normalmente pasa desapercibido. Como suele recordarles, la biodiversidad no habita únicamente en ecosistemas lejanos; también está presente en el árbol que da sombra al patio, en las aves que sobrevuelan la institución o en las especies que hacen parte de su vida cotidiana. Esa manera de entender la educación ha guiado toda su trayectoria como docente.
Cuando decidió estudiar Biología en la Universidad Nacional de Colombia, tenía claro que quería dedicar su vida a comprender los seres vivos y la naturaleza. Lo que entonces no imaginaba era que encontraría en la docencia una vocación capaz de transformar no solo su proyecto profesional, sino también la vida de cientos de estudiantes. Hoy, después de 23 años de experiencia ha convertido el aula en un espacio donde la ciencia se aprende explorando, formulando preguntas y construyendo conocimiento a partir del territorio.
Su trabajo siempre ha estado ligado a la educación ambiental. Entre los proyectos que recuerda con mayor orgullo se encuentra el rescate de un frailejón vulnerable a la extinción, desarrollado junto con sus estudiantes en alianza con organizaciones ambientales y reservas naturales. La iniciativa obtuvo reconocimiento nacional y fue visibilizada a través de la serie Ernesto Pérez y la leyenda de la gota más pura. Más recientemente lideró la creación de radiocuentos inspirados en el oso andino, escritos y narrados por los propios estudiantes, una experiencia que los llevó hasta la Feria Internacional del Libro y les permitió descubrir que la conservación también puede contarse desde el arte y la creatividad.
Desde su llegada al Instituto Técnico Industrial Rafael Reyes en 2017, Erika ha encontrado en el aprendizaje basado en proyectos la mejor manera de conectar a los estudiantes con su entorno. Las expediciones botánicas, las actividades de observación de la biodiversidad y los proyectos comunitarios forman parte de una metodología que busca demostrar que la ciencia no está confinada a un laboratorio, sino que puede encontrarse en cada espacio que habitamos.
Por eso, cuando conoció las estrategias de Colombia Programa, no sintió que tuviera que transformar por completo su manera de enseñar; más bien encontró una oportunidad para fortalecer una práctica pedagógica que ya partía de la exploración, la curiosidad y el trabajo colaborativo. A través de actividades conectadas y desconectadas, del uso de Micro:bit y de ejercicios de pensamiento computacional, comenzó a integrar conceptos de ciencias naturales con habilidades como la algoritmia, la resolución de problemas y el análisis de patrones. La programación dejó de ser un contenido independiente para convertirse en una herramienta capaz de dialogar con la biología, la educación ambiental y la comprensión del territorio.
Ese proceso también implicó un desafío personal. Erika reconoce que pertenece a una generación que creció lejos de los computadores y que solo comenzó a utilizarlos durante su formación universitaria. Sin embargo, en lugar de ver esa experiencia como una limitación, asumió el pensamiento computacional como una oportunidad para seguir aprendiendo junto con sus estudiantes y demostrarles que la disposición para aprender es una cualidad que no depende de la edad ni de la experiencia previa.
Esa misma convicción dio origen a uno de los proyectos que más satisfacción le ha generado: impulsó una iniciativa para visibilizar el papel de las mujeres científicas, muchas veces ausentes de los relatos tradicionales de la historia y con el apoyo de Micro:bit, las estudiantes investigaron referentes femeninos, diseñaron actividades interactivas, realizaron entrevistas y compartieron sus aprendizajes con la comunidad educativa. El proyecto permitió integrar el pensamiento computacional con la reflexión sobre la equidad de género y abrió espacios para que las jóvenes reconocieran nuevas formas de liderazgo.
Elizabeth, Gabriela, Emily y Sara fueron algunas de las estudiantes que protagonizaron esta experiencia. Durante las jornadas de socialización fueron ellas quienes recibieron a los asistentes, explicaron el funcionamiento de las actividades y lideraron conversaciones sobre el papel de las mujeres en la ciencia. En ese proceso fortalecieron su confianza para hablar en público, descubrieron habilidades que no sabían que tenían y comenzaron a imaginar nuevos caminos para su futuro profesional. Inspiradas por referentes como Diana Trujillo y otras científicas estudiadas durante el proyecto, varias reafirmaron su interés por áreas como la astronomía, la ingeniería y la tecnología, al tiempo que comprendieron la importancia de reconocer los aportes históricos de las mujeres y de abrir espacios para que nuevas generaciones puedan verse reflejadas en esas trayectorias.
Después de más de dos décadas dedicadas a la educación, Erika continúa convencida de que innovar no significa abandonar aquello que ha construido durante años, sino enriquecerlo con nuevas herramientas. Por eso entiende el pensamiento computacional y las tecnologías emergentes como una oportunidad para ofrecer experiencias de aprendizaje más significativas y preparar a sus estudiantes para comprender un mundo en constante transformación. Cuando le preguntan quién es, responde que es una mujer libre: libre porque hace lo que ama, porque ha encontrado en la educación una forma de servir a los demás y porque, después de tantos años de docencia, sigue creyendo que el mayor privilegio de un maestro es despertar la curiosidad y transformar vidas desde el aula.






